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miércoles, 23 de abril de 2014

VILLALAR DE LOS COMUNEROS

La historia cantada por unos nuevos juglares...



Mil quinientos veintiuno
y en abril para más señas
en Villalar ajustician
quienes justicia pidieran
en Villalar ajustician...

quienes justicia pidieran.

Malditos sean aquellos
que firmaron la sentencia
malditos todos aquellos
los que ajusticiar quisieran
al que luchó por el pueblo
y perdió tan justa guerra.

Desde entonces ya Castilla
no se ha vuelto a levantar, ay, ay,
no se ha vuelto a levantar.


En manos de rey bastardo
o de regente falaz, ay, ay
o de regente falaz.


Siempre añorando una Junta
o esperando un capitán, ay, ay
o esperando un capitán.

Quién sabe si las cigüeñas
han de volver por San Blas
si las heladas de marzo
los brotes se han de llevar.

Si las llamas comuneras
otra vez crepitarán
cuanto más vieja la yesca
más fácil se prenderá.

Cuanto más vieja la yesca
y más duro el pedernal
si los pinares ardieron
aún nos queda el encinar.

 

Villalar de los Comuneros es un municipio y localidad de España perteneciente a la provincia de Valladolid, en la comunidad autónoma de Castilla y León. Es célebre porque en sus alrededores tuvo lugar la batalla, que supuso la derrota de los Comuneros de Castilla el 23 de abril de 1521.
Cada 23 de abril se celebra en Villalar de los Comuneros la fiesta de Castilla y León.


La batalla de Villalar fue el episodio decisivo de la Guerra de las Comunidades en la que se enfrentaron las fuerzas imperiales de Carlos I y las de la Junta Comunera capitaneadas por Juan de Padilla, Juan Bravo y Francisco Maldonado, ocurrida el 23 de abril de 1521 en la localidad de Villalar (hoy Villalar de los Comuneros, provincia de Valladolid, España).
La batalla fue ganada por las fuerzas imperiales y puso fin a la Guerra de las Comunidades en el norte de Castilla, donde fueron decapitados el 24 de abril los tres capitanes comuneros.
En recuerdo a la Batalla de Villalar se ha elegido el 23 de abril para celebrar el Día de Castilla y León.

Los días previos

El ejército comunero se encontraba acuartelado en la localidad vallisoletana de Torrelobatón, tras haberla tomado en el mes de febrero de 1521. Juan de Padilla mantenía a sus hombres dentro del castillo a la espera de poder partir hacia Valladolid o Toro. Mientras tanto, el ejército de Carlos V se instalaba en Peñaflor de Hornija, esperando movimientos del ejército comunero.
A la batalla acudieron tropas mandadas por el Condestable de Castilla, entre las cuales figuraban las alistadas en el repartimiento efectuado por el Ayuntamiento de Burgos.

El 23 de abril

El ejército comunero salió el 23 de abril de 1521 de madrugada hacia Toro, ciudad levantada en comunidad. Era un día de lluvia, el menos propicio para hacer un desplazamiento militar. Los soldados del ejército comunero habían presionado horas antes a Padilla para que realizara algún movimiento en la zona. Éste decidió partir hacia Toro en busca de refuerzos y aprovisionamiento. El ejército fue recorriendo el camino hacia Toro, cuando, a la altura de Vega de Valdetronco, la batalla ya era inevitable. La lluvia seguía cayendo con fuerza, y Padilla se vio obligado a buscar un lugar propicio donde presentar la batalla.
La primera localidad elegida fue Vega de Valdetronco, pero el ejército no atendía a las órdenes que él daba. La siguiente localidad en el camino hacia Toro, pasada Vega de Valdetronco, era Villalar, y aquel fue el lugar donde se desarrollaría la batalla.

La batalla

El ejército comunero, en clara inferioridad respecto a las tropas de Carlos V, intentó que la batalla se produjera dentro del pueblo. Para ello, instalaron los cañones y demás piezas de artillería en las calles del mismo.
Muchos de los combatientes aprovecharon la incertidumbre inicial para huir a sus localidades de origen u otras cercanas a Villalar.
La contienda fue toda una masacre, y al anochecer en el pueblo tan sólo se oía el gritar de los comuneros heridos que yacían en los campos mientras eran rematados. Los principales capitanes comuneros, Padilla, Bravo y Maldonado, fueron apresados con vida, recluidos y puestos en espera de ser juzgados.

Consecuencias



Los soldados del ejército comunero que lograron huir, lo hicieron en su mayoría a Toro y una parte del maltrecho ejército pasó a Portugal por la frontera de Fermoselle. El resto se reunió con Acuña en Toledo, reforzando la resistencia de la ciudad del Tajo varios meses más. La batalla se saldó finalmente con la muerte de 500 a 1.000 soldados comuneros y la captura de otros 6.000 prisioneros.

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