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viernes, 21 de marzo de 2014

LA CONQUISTA DE HISPANIA

Con su liderazgo y su agresiva estrategia, Amílcar había salvado a Cartago de los mercenarios sublevados. Sin embargo, la ciudad estaba empobrecida, había perdido casi todas sus posesiones fuera de África y tenía que pagar a Roma una cuantiosa deuda de guerra. Fue entonces cuando el bárquida se embarcó rumbo a las lejanas tierras de occidente en pos de recuperar para su patria la gloria y el poder perdidos.






En cuanto a Amílcar, por tanto, a pesar de que murió muchos años antes de nuestro tiempo, dejémosle también tener en la historia a modo de epitafio la alabanza que se merece.
Diodoro 25, 10’ 5.


Guerrero ibero. Dada su rica panoplia
se trataría de un noble.
HISPANIA ANTES DE AMÍLCAR

El conocimiento que las fuentes grecolatinas tenían sobre la geografía de aquella tierra en el extremo occidental del Mediterráneo era muy escaso. Las referencias fiables se limitaban al litoral, mientras que el interior permanecía prácticamente oscuro, tan solo apoyado por fuentes púnicas (ahora desaparecidas) que no siempre serían bien traducidas o entendidas y a las noticias que llegarían con la posterior conquista romana.

Hispania estaba dividida en numerosos pueblos de diferente etnia, prácticas religiosas, idiomas, tradiciones, etc. que se agrupaban en comunidades; pero en la práctica cada ciudad era dueña de sí misma, salvo en contadas ocasiones en las que un líder de éxito conseguía unir bajo su mando a varias durante un tiempo.

De toda la amalgama de pueblos, los iberos (que a su vez se dividían en Bastetanos, Contestanos, Edetanos, Ilergetes, etc.), que habitaban la costa mediterránea, y los turdetanos, que se extendían por el valle del Río Guadalquivir,  eran los que con diferencia habían tenido más contacto con los fenicios primero y luego con los cartagineses, que impusieron su dominio sobre las numerosas factorías comerciales que aquellos habían establecido por toda la costa Sur y Sureste de la Península.

Dama de Elche, la máxima representación del arte ibero.
Fértiles valles se abrían paso aquí y allá entre el montañoso relieve hispano, donde se cultivaban numerosos productos, pero lo que más atrajo a los comerciantes extranjeros fueron los abundantes metales.

También los griegos se vieron atraídos por esta riqueza natural, y a su vez también establecieron sus propias colonias, sobre todo en Cataluña y Valencia, pero también alguna más al Sur, como Mainake.

Poco a poco el área de influencia de cartagineses y griegos se fue formando, quedando el sur para unos y el levante para los otros, siendo la frontera el Cabo de Palos. Esta pareció quedar ratificada con acuerdos en firme, como así parece indicar el segundo tratado romano-cartaginés de 346 a.C. que en palabras de Polibio decía tal como sigue:

Habrá alianza entre romanos y sus aliados y los cartagineses, tirios[1], uticenses y aliados de éstos, con estas condiciones: no se dedicarán los romanos a hacer presas, ni comerciarán ni edificarán ciudad más allá del Promontorio Bello, de Mastia de Tarsis.[…] (Polibio III, 24’ 1)

Lo cierto es que no se sabe con exactitud dónde se situaba la ciudad de Mastia, pero por la descripción que da Plinio se supone que se localizaba en el lugar donde años más tarde Asdrúbal fundaría Qart-Hadasht (la Cartago-Nova de los romanos y actual Cartagena), aunque no es el único lugar propuesto.

Los fenicios se habían establecido con fuerza en la costa desde el actual río Guadiana hasta el cabo de la Nao. Tanto es así que de la mezcla sociocultural entre semitas e iberos surgió el pueblo de los Bástulos. Sobre sus ciudades, conforme Fenicia iba perdiendo su influencia, Cartago la iba adquiriendo. Pero no hay que pensar en un dominio político o militar, que en todo caso sería muy tenue,  sino más bien en una soberanía comercial.

Mapa de la Península Ibérica, mostrando los pueblos y las ciudades más relevantes, así como
el comercio púnico y griego.

Los lazos de unión entre Cartago y las ciudades bástulo-púnicas de la costa hispana se fueron debilitando con el tiempo y debido a los reveses sufridos por aquellos: invasión de Agatocles, guerra contra Pirro... Hasta que esta autonomía alcanzó su punto culmen durante la Primera Guerra Púnica, cuando la flota púnica quedó gravemente debilitada, sin poder realizar una labor de conexión y protección/amenaza con las costas hispanas.

Ante este panorama, ciudades como Baria[2] y sobre todo Gádir[3] se erigieron como poderes dominantes en la región. Se habla del “Círculo del Estrecho” como la zona de dominio gaditano, región a ambos lados de las columnas de Hércules donde la antigua colonia de Tiro había extendido su red de alianzas, sin que quede muy claro que nivel federativo tendrían.

La desunión que imperaba en el territorio hispano hacía que fuera un blanco fácil; y el alto nivel cultural, la amplia riqueza natural y la desarrollada destreza militar atraían la atención de Amílcar. Además, el general podría contar con el apoyo de las ciudades bástulo-púnicas, con las que aún existirían lazos de afinidad, para tener suministros y anclaje para las naves que comunicarían con Cartago. Y algunos Estados iberos también estarían bien dispuestos hacia él con tal de conseguir aliados contra sus enemigos.


Estatua del dios púnico Baal Hammón,
protector de la ciudad.
ÁFRICA EN 237 a.C.

Como explicamos en el anterior trabajo sobre Amílcar, una vez finalizada la Guerra de los Mercenarios,  cuando Cartago se preparaba para enviar una expedición para recuperar el control de Cerdeña, que se había sublevado durante el conflicto, Roma le declaró la guerra con acusaciones absurdas. Argumentaban los romanos que aquella expedición no era contra los sardos, sino contra ellos. Cuando la embajada púnica expuso la realidad[4], los romanos se quejaron del mal trato que habían sufrido los 500 comerciantes romanos que habían sido capturados cerca de Cartago cuando trataban de vender productos a los mercenarios rebeldes. Se suponía que los púnicos habían torturado e incluso matado a algunos de ellos, acusación totalmente fuera de lugar, ya que de haber sido verdad, Roma hubiera impuesto una queja tres años antes, cuando sucedió este hecho.

La conclusión fue un auténtico insulto para Cartago, que debió entregar Cerdeña además de otros 1.200 talentos a añadir a la deuda de la guerra de Sicilia. Quizás en la mentalidad del senado romano circulara el miedo de una Cartago que se rehiciera de la mano de un general agresivo como era Amílcar Barca. Era mejor atacar ahora que aún estaba débil.

Es posible que fuera el propio Amílcar el que estuviera al mando de esta campaña frustrada, dado el prestigio que había ganado. Tenía su ejército preparado tras haber obligado a la rendición a las ciudades rebeldes. Con el apoyo  que seguro encontraría en los aún fieles de Cerdeña, llevar a la isla de nuevo al redil sería cuestión de tiempo.

Las posesiones ultramarinas de Cartago se habían reducido en pocos años a tan solo las islas de Malta y Ebusus y la amistad con las ciudades bástulas del sur de Hispania. Esto, añadido a la pérdida de la casi totalidad de la flota hacía que Cartago ya no fuera una potencia marítima como antaño.

A partir de ahí todo sucedió muy rápido. La guerra de los Mercenarios terminó a principios de 237 a.C., cuando las ciudades de Útica e Hippo Akra se rindieron nada más ser asediadas; y a mediados de ese mismo año Amílcar ya se encontraba en Hispania.

Amílcar se había asegurado una buena posición política gracias a sus éxitos militares y acto seguido formó un grupo político de la clase más baja. No parece creíble la historia de Apiano[5], que coloca al Barqa en un juicio, que en todo caso sería anterior a la Guerra de los Mercenarios por lo sucedido en la Guerra en Sicilia. Como salvador de la patria sería aclamado por la mayoría, aunque está claro que seguiría teniendo enemigos políticos dentro de la ciudad. El hecho de que fuera escogido como cabeza de la expedición a Iberia deja clara su posición dominante. Tampoco hay que darle demasiado crédito a Apiano y Zonaras[6] (seguramente basándose en la misma fuente o este en aquel[7]) cuando dicen que Amílcar partió en contra de los magistrados de Cartago[8].

Amílcar salió de Cartago acompañado por su yerno Asdrúbal, que es nombrado comandante de la flota, pero dejando en la ciudad a gran cantidad de parientes y aliados en el senado. Con él fue también, según gran cantidad de autores grecolatinos[9], su hijo Aníbal; su hijo Asdrúbal y Magón, al parecer permanecieron en África, junto con sus yernos Naravas y Bomilcar, que quizás fuera sufete, dado el apelativo con el que se le conoce, “el Rey”.


Dibujo que muestra la ciudad de Gádir, emplazada
en varias islas junto a las costa turdetana.
LLEGADA A GÁDIR Y PRIMERA BATALLA

Amílcar pisó la Península Ibérica a mediados del 237 a.C., cruzando el mar con la flota desde Cartago hasta Gádir, una de las pocas ciudades que aún mantenía lazos de amistad con su patria. No tiene sentido la afirmación que sitúa a Amílcar marchando con su ejército a través de África para pasar a Hispania cruzando el Estrecho de Gibraltar con escasos transportes debido a que no tenía dinero suficiente. Un viaje por tierra hubiera sido más largo y por tanto más caro, al tener que pagar durante más tiempo a las tropas hasta conseguir beneficios en la tierra a conquistar; sin hablar del mayor peligro y el tiempo que perdería, que haría imposible empezar la campaña ese mismo año.

Eso sí, el ejército sería pequeño, quizás unos 15.000 hombres, pero experimentado gracias a las recientes guerras contra los mercenarios sublevados y en Sicilia[10]. Además contaba con un pequeño contingente de elefantes, que causaría estragos entre las filas iberas; y con un considerable número de caballería, muy superior a los aún poco desarrollados jinetes del Sur peninsular. Amílcar también tendría planeado contratar mercenarios iberos, los cuales eran habituales desde hacía siglos en los ejércitos púnicos.

Los generales de Cartago contaban con una mayor libertad y ostentaban el cargo, en principio, durante un más largo tiempo que sus homólogos romanos; en cambio, en contra, sus gobiernos nos los apoyaban con el mismo ímpetu en caso de necesidad. Eso es lo que habría sentido Amílcar en Sicilia, cuando tuvo que firmar la paz con Roma, sin haber sido derrotado una sola vez, por negarse Cartago a continuar la guerra. Roma en cambio siempre perseveraba, no solo no se rendía, sino que sus ciudadanos estaban dispuestos a dar cuantiosos créditos con tal de vencer. E aquí la diferencia de mentalidad entre la visión comercial entre los nobles cartagineses, que valoraban la rentabilidad (quizás demasiado a corto plazo) de la guerra, y los pragmáticos romanos, para los que el control del territorio era lo que realmente importaba.

Así pues, Amílcar supo desde un principio que su ejército se tendría que sufragar a si mismo, más aún cuando se encontraba en una tierra tan alejada de la patria. Para ello, Amílcar pretendía conseguir el control de las zonas de riqueza hispanas, centrándose especialmente en el dominio minero. Esto le daría el monopolio comercial a Cartago, debilitando de paso a sus competidores griegos. Paradójicamente, esto es un modo más “romano” de entender la economía, y el hecho de que el líder se apoyara en el ejército tiene mucho de helenístico.

Todo esto convertía a los soldados de Amílcar en un verdadero ejército profesional, dedicados únicamente a la obtención de territorios y beneficios.

La primera acción descrita[11] es un enfrentamiento a una coalición de Tartessos (la fuente se referiría a Turdetanos) e Iberos, junto con un contingente de celtas, cuyos líderes, Istolacio y su hermano estaban al frente del ejército.

Esta coalición no es de extrañar, Gádir tendría numerosos enemigos entre sus vecinos, y la llegada de Amílcar no pasaría desapercibida y causaría gran revuelo. Los turdetanos de la zona tenían el control de las minas de Río Tinto, con las que tenían fondos para contratar a los mercenarios celtas, con Istolacio y su hermano a modo de verdaderos condottieri.

Sin que se sepa ningún detalle sobre el desarrollo o el lugar de la batalla, Amílcar los derrotó y unió a su ejército a 3.000 hombres de la coalición. Esto, además de aumentar sus fuerzas, también era una buena propaganda: un hábil general que además era justo y benevolente con los vencidos; lo que impresionaría a los hispanos.

Con esta victoria (aunque no se dan referencias al respecto), Amílcar conseguiría el territorio que va desde Gádir hasta las minas de la antigua Tartessos, en la zona Oeste de Sierra Morena (Mons Marianus para los romanos).


CONQUISTA DEL VALLE DEL BETIS

En poco tiempo Amílcar se había hecho con el control de numerosas ciudades que le rendirían tributo que se sumaría al obtenido de las minas, que se explotaban en monopolio. No sólo podía pagar a sus tropas, sino que podría contratar más mercenarios para acometer mayores empresas.

El valle del río Betis (Guadalquivir) se adentraba 400 Km. desde el Atlántico hasta las montañas que lo cerraban por el Este. Era una zona fértil y muy poblada, además de contar las más importantes minas de la Península, sobre todo en torno a la ciudad de Cástulo. Esta región tenía potencial suficiente para detener a los cartagineses, siempre que se unieran. Y así fue.

Un tal Indortes, seguramente un líder de alguna comunidad del centro del Betis, reunió, según Diodoro[12], un ejército de 50.000 hombres. Sin embargo, el ejército se derrumba incluso antes de la batalla sin que se sepa muy bien porqué. Quizás hubiera deserciones o tal vez alguna ciudad implicada decidiera firmar la paz con Amílcar. El caso es que Indortes, con los restos del ejército, tuvo que retirarse a una colina, donde queda asediado. Por la noche trató de huir, pero fue interceptado y sus hombres masacrados. El propio Indortes fue capturado y ejecutado tras una dura tortura; pero en cambio 10.000 prisioneros fueron liberados. Seguía así una política de buen trato con el pueblo a la vez que atemorizaba a todo líder que se quisiera enfrentar a él.
Ninguna fuente da fecha alguna salvo para su llegada y su muerte (e incluso estas no siempre quedan muy claras) y los datos aportados por las monedas solo dan una idea muy general. Pero es probable que este acontecimiento tuviera lugar en 236 o 235 a.C. como muy tarde.

Tras esta nueva victoria, Amílcar conseguiría más éxitos militares y diplomáticos, conquistando la práctica totalidad del valle del Betis, además de la costa desde Baria hasta Onuba (Huelva). Las regiones de difícil acceso como Sierra Nevada, la Alpujarra o el desierto de Tabernas quedarían en un control tan sólo nominal. Y ahora el general cartaginés querría penetrar en la meseta y en Murcia, consiguiendo así el control de todo el Sur Penínsular, obteniendo el monopolio de toda la minería, amplias y fértiles zonas agrícolas e importantes salinas.

Todas estas conquistas le proporcionaron enormes beneficios, los cuales dividía en tres partes, dando una de ellas a los soldados, para estimularlos para futuras campañas, otra era enviada a Cartago y la otra la distribuía entre los jefes de su facción que habían quedado en la patria.

Mapa que muestra las fases de conquista de Amílcar en Hispania.

Al parecer, en este momento estalló una revuelta entre los númidas y Cartago reclamó a Amílcar[13]. Este envió a su yerno Asdrúbal, que ya había ganado experiencia militar suficiente junto a él y venció sin demasiados problemas. Este hecho pone de manifiesto que Amílcar no solo se ocupaba de los asuntos de Hispania, sino también de África, lo que no puede dejar de significar que era el verdadero líder de Cartago y que su familia dominaba sobre las demás[14].


INTROMISIÓN ROMANA

Dion Casio[15] informa que en el año 231 a.C. (en el consulado de Marco Pomponio y Cayo Papirio) emisarios romanos llegaron a entrevistarse con Amílcar para ver que hacía. El general cartaginés los recibió cordialmente y les explicó que sus acciones se debían a poder obtener el dinero que aún les debían a los romanos. Sin embargo, esta información está en entredicho por la práctica totalidad de los historiadores modernos ya que Roma no había tenido ningún interés en Hispania. También es cierto que precisamente ese año era el último en el que Cartago tenía que pagar la indemnización de guerra (2.200 talentos a pagar en 10 cuotas desde la paz de 241 a.C.); así que, o bien los romanos concedieron una prorroga debido a la Guerra de los Mercenarios o esta explicación de Amílcar no hubiera tenido mucha justificación a esas alturas. O ¿es qué quizás aún no se había terminado de pagar la indemnización impuesta en 237 a.C.? Las fuentes no dan información al respecto[16].

Por otro lado, en algún momento entre el final de la Primera Guerra Púnica y el inicio de la Segunda, la ciudad de Massilia se alió a Roma. Esta ciudad griega fundada por focenses estaba situada en el sur de la Galia, y había extendido una red de colonias comerciales desde Liguria hasta Contestania, en Iberia. De las colonias en Iberia, la más importante era Emporion[17], situada muy al Norte del territorio recién conquistado por Amílcar, pero las colonias de Alonis, Hemeroskopeion y otra cuyo nombre nos es desconocido empezaban a ver de cerca el avance cartaginés. De hecho, una vez Amílcar tomó el valle del Betis y Sierra Morena, haciéndose con el monopolio de las minas, el comercio griego se vería muy seriamente afectado, hasta el punto de que la supervivencia de dichas colonias peligraría sobremanera.

Es posible que Massilia presionara a su nuevo aliado, sabedora de la tensión existente entre Roma y Cartago, para que mandara una embajada a Amílcar para conocer cuáles eran sus planes y proteger así sus intereses. En aquel momento Roma estaba ocupada en pacificar Cerdeña y Córcega, y realizando campañas contra los ligures y galos, además de estar atenta  a los acontecimientos que sucedían en Iliria y a ambos lados de los Alpes, donde los gaesetanos habían forjado una alianza con los galos cisalpinos. Por esta razón, Massilia era un valioso aliado que le podía remitir noticias de los movimientos en la Galia y Roma querría mantenerla contenta con su amistad.

 También cabe la posibilidad que fuera en esta fecha cuando se forjara la alianza con Sagunto, hecho de tremenda trascendencia en los acontecimientos futuros. La dualidad de Arse/Sagunto es incierta, quizás Arse se refiriera a la ciudad ibera que dominaba el llano desde una escarpada colina y Sagunto se refiriera al puerto, donde al parecer habría un barrio griego; de ahí quizás la leyenda sobre su fundación por hombres de la isla de Zacinto. Sin querer entrar demasiado en el complicado terreno del casus belli de la Segunda Guerra Púnica, cabe la posibilidad de que Roma tomara como ciudad aliada a Arse/Sagunto en base al barrio griego, con lazos con Massilia, ciudad, como decimos, aliada a Roma.


Yacimiento en Tossal de Manises, lugar donde
tradicionalmente se situaba la fundación de Amílcar.
FUNDACIÓN DE AKRA LEUKÉ

Quizás ya a finales de 230 a.C. el siguiente paso, pensado para afianzar el poder cartaginés en su nueva provincia, fue la fundación de una ciudad que, según Diodoro[18], era de gran tamaño. Desgraciadamente no dijo donde estaba. Los anteriores líderes púnicos no habían hecho fundaciones, sin embargo, esto era una práctica habitual entre los reyes helenísticos, en el Este, pero a diferencia de estos, Amílcar no le puso su nombre a la nueva ciudad, sino Akra Leuke (“ciudadela blanca” en griego).

Tradicionalmente se ha identificado esta ciudad con Alicante[19] que, y en esto no hay duda, fue la Lucentum romana. Pero existen importantes objeciones para colocar la fundación de Amílcar en ese lugar. En primer lugar, aunque la arqueología revela murallas y urbanismo con clara intervención púnica en Tossal de Manises, la ciudad no contaría con más de 3 hectáreas de extensión, lo que contrasta mucho con la “gran ciudad” descripta por Diodoro[20]. Por otro lado, unos cinco años más tarde, Asdrúbal el Bello fundó Qart-Hadasht (Cartago-Nova), que estaba situada unos 100 Km. más al Sur que Alicante. Qart-Hadasht tenía mucho mejor puerto, estaba mejor comunicada con Cartago y se levantaba en una zona más rica. Ya que la conquista púnica de Hispania se realizó de Suroeste a Noreste, y si la zona estaba lo suficientemente controlada para fundar una ciudad ¿por qué desaprovechar un mejor lugar para fundarla? Además, de fundarse la ciudad en el lugar que ocupa Alicante hubiera atentado contra el tratado púnico-romano de 346 a.C., que limitaba la influencia cartaginesa en Mastia de Tartesos, identificada con Cartagena. Por si fuera poco, en un pasaje de Livio[21], el historiador romano sitúa la ciudad cerca de Cástulo, que dista en línea recta unos 300 Km. de Alicante, o en cualquier caso en la Hispania Ulterior, que comprendía el Valle del Betis, con frontera con la Citerior en torno a Cartago-Nova.

Así pues, parece que Akra Leuke se situó en el valle alto del Betis, en la Oretania regida por los cartagineses, en un lugar estratégico para controlar el territorio minero de Sierra Morena, vigilar las rutas comerciales que se dirigían hacia la meseta y el levante y ser un punto fuerte desde donde realizar futuras expediciones.

Quizás pensada para ser la capital de la provincia, la ciudad sería poblada con nativos leales, gentes de Gádir y demás ciudades bástulo-púnicas, con un elemento de élite cartaginesa dominante. A la ciudad llegaron también los griegos Sosylus, de Esparta, encargado de enseñarle su idioma a Aníbal, hijo de Amílcar; y Sileno, de Cale Acte (Sicilia). Esto es prueba de las conexiones que tenía Cartago, y en especial la familia Barqa, con el mundo helenístico, sobre todo en Sicilia, pero también en Egipto. La educación púnica y griega de los hijos de Amílcar no se limitó al estudio, ya que estos acompañaban a su padre en sus campañas (al menos Aníbal y Amílcar estaban en la de 229 a.C.) para enseñarles de primera mano el arte de la guerra.

Además de esta fundación, la arqueología ha demostrado una mejora en el modo de vida de la población del Betis, tanto en viviendas como en edificios públicos, murallas y santuarios. Las monedas, además, evidencian un claro influjo africano en la zona (las mal llamadas cecas libiofenicias); y es que numerosos libios y númidas colonizaron las zonas más despobladas de la provincia, sobre todo las sierras de la actual provincia de Cádiz. Esta mejora urbanística y el asentamiento de población africana es la prueba de que los cartagineses no tomaban este nuevo territorio como una zona de mera explotación, sino como una provincia en la que poder prosperar.


Escultura de jinete del Cerrillo Blanco. El jinete desmontado
de su caballo atraviesa con una lanza a un enemigo postrado
en el suelo.
MUERTE DE AMÍLCAR

A finales de 229 o principios de 228 a.C. (puesto que Polibio dice que pasó casi 9 años en Hispania y murió 10 años antes del estallido de la Segunda Guerra Púnica; Diodoro narra que su muerte fue en invierno; y tanto Polibio como Tito Livio dicen que Asdrúbal estuvo en el poder durante 8 años, hasta su muerte en 221 a.C.[22]) Amílcar se encontraba asediando la ciudad de Helice.

Tradicionalmente se ha identificado esta ciudad con la romana Ilici (actual Elche), suponiendo que Akra-Leuke hubiera sido Lucentum (Alicante). Esta deducción no tiene mucho sentido, ya que Elche se encuentra a muy pocos Kilómetros de Alicante, y de ser una ciudad enemiga hubiera sido imprudente fundar una nueva ciudad allí. Además de esto, como veremos a continuación, los oretanos estaban demasiado alejados de la costa (más de 150 Km. en línea recta, que serían muchos más teniendo en cuenta lo accidentado del relieve) como para tener implicaciones políticas con ella; y carecería de lógica mandar a los cuarteles de invierno a la mayor parte del ejército, evidentemente por facilitar su abastecimiento, cuando ambas ciudades (Elche y Alicante) se encuentran a tan solo unos 20 Km. de distancia y en una región donde el invierno es de temperatura suave[23].

Helice tendría que estar en el interior. Livio, en un contexto diferente menciona Ilucia, un bastión oretano, pero lo cierto es que no se ajusta bien. Existe en la actual provincia de Albacete la ciudad de Elche de la Sierra, enclavada en un terreno agreste y lleno de sierras. Esta ciudad se encuentra a tan sólo 3 Km. del Segura (Tader para los romanos), río con la característica de tener un caudal muy irregular, con fuertes crecidas en invierno; hecho que como veremos tiene una gran importancia (en las proximidades de Elche está el río Vinalopó, de mucho menos caudal, de hecho en época estival no es extraño que no lleve agua, aunque no está exento de repentinas crecidas, sobre todo en otoño).

Se han propuesto otros lugares para localizar la esquiva Helice, pero de momento no se puede confirmar ninguno con un mínimo de certeza. El hecho de que autores griegos y romanos nombren las ciudades de forma diferente complica el trabajo, quedando aún muchos yacimientos sin nombre y muchos nombres sin lugar.

Mapa centrado en las regiones de Oretania y Bastetania, límite de las conquistas de Amílcar y donde presumiblemente se encontrarían las ciudades de Akra Leuke y Helice, donde encontró la muerte.

Amílcar tenía la intención de afianzar los pasos entre el valle del Betis y la costa levantina. Y Helice sería clave en esto. Siendo una ciudad pequeña y relativamente débil, llegado el invierno, Amílcar decidió mandar la mayor parte del ejército, incluidos los elefantes, a invernar a Akra Leuke, quedándose él al mando de un pequeño contingente, suficiente para el bloqueo.

Fue en este momento cuando acudió un régulo de los Oretanos[24] con una propuesta de amistad para Amílcar y este le permitió acercarse a su ejército para entre ambos asaltar la ciudad. Pero una vez fijado el contingente púnico, los oretanos los atacaron poniéndolos en fuga. Tanto Frontino como Zonaras[25] (con distintos matices) nos cuentan una curiosa táctica usada por los atacantes, consistente en arrojar contra la línea cartaginesa carros incendiarios tirados por bueyes, rompiéndola y poniendo a todos en fuga. Aunque esta historia tiene poco crédito actualmente.

Amílcar se había visto sorprendido y superado. Seguramente su ejército era demasiado pequeño para hacer frente a la amenaza así que reagrupó a los que pudo y mandó una parte, entre ellos a sus hijos Aníbal y Asdrúbal, de vuelta a Akra Leuke, mientras él con el resto se dirigía por otro camino desviando hacia él a los oretanos que los perseguían.
Como se deduce de Diodoro y Polibio, parece que Amílcar hizo frente a los oretanos, quizás viéndose obligado a ello al ser rodeado. Pero al ser superado se lanzó a caballo tratando de cruzar un río para escapar, donde murió arrastrado por la corriente[26].

Héroe para su patria en vida tuvo una muerte no menos gloriosa, sacrificándose para salvar la vida de sus hijos y amigos, que llegaron sanos y salvos a Akra Leuke.

Conocida la noticia, los oficiales del ejército nombraron a Asdrúbal el Bello, yerno de Amílcar, general en jefe. Este era el modo helenístico de elegir a los líderes, algo que no era nada habitual en Cartago, función al cargo del Senado, que sin embargo se vio obligado a ratificar la decisión. La influencia bárquida se hacía notar en la capital, en la que los lazos políticos serían fuertes y el pueblo, base del partido de Amílcar, lo aclamaría.

La primera decisión de Asdrúbal, ya en primavera de 228 a.C. fue la de marchar con todo el ejército, 50.000 infantes, 6.000 jinetes y 200 elefantes[27], contra el rey oretano, derrotándolo y conquistando sus ciudades. En los años siguientes amplió el territorio cartaginés en Hispania sobre todo haciendo uso de la diplomacia, pero también de la fuerza, hasta que fue asesinado en 221 a.C. Acto seguido fue elegido general Aníbal, el hijo mayor de Amílcar, que llevaría la guerra a Italia y sería uno de los grandes tácticos de la historia (sino el que más).

Busto de Amílcar Barqa.
Los logros de Amílcar fueron geniales, no solo salvó Cartago, sino que la volvió a elevar como potencia de primer orden. Llevó a su patria enormes riquezas y abrió para sus conciudadanos nuevas oportunidades en tierras ibéricas. Políticamente colocó a su familia en una posición tan dominante que no se veía algo igual desde la época de los Magónidas. Citado por Polibio como el mejor general de la Primera Guerra Púnica, no estuvo exento de cometer errores, quizás llevado por exceso de confianza, como cuando fue rodeado por los mercenarios amotinados, salvándose in extremis gracias a Naravas, o el suceso que dio con su muerte. Es comparado numerosas veces con Filipo II de Macedonia por crear un poder nacional y un ejército que posteriormente explotarían sus hijos. Creó de la nada un dominio en el extranjero como Cartago no había conocido antes, donde la recaudación de tributos, la explotación de recursos humanos y naturales, la firma de alianzas y la fundación de ciudades  asemejó su liderazgo al de los más prominentes reyes helenísticos. Teniendo en cuenta que Roma y Cartago, irremediablemente, se volvería a ver las caras, Amílcar fue para su patria el hombre más adecuado para su tiempo.

Seguirá en cuestión si planeaba una guerra contra Roma, frustrada por su “prematura” muerte o si tan solo pretendía tomar un camino de conquistas alejadas de los intereses romanos para poder pagar la deuda con aquellos primero y reportar beneficios para su patria y su familia después. Amén de estar preparado por si la traicionera Loba decidía atacar de nuevo. Numerosos autores latinos aseguraron que entrenaba a sus hijos para llevar la guerra a Italia, pero lo cierto es que nunca hizo alianzas que pudieran amenazar a Roma, ni reconstruyó la flota, ni mostró una actitud tensa con su rival.



Autor: Alejandro Ronda.


BIBLIOGRAFÍA:
Fuentes antiguas (en orden de importancia): 

Diodoro Sículo: Biblioteca histórica.

Polibio de Megalópolis: Historia universal bajo la República Romana.

Zonaras: Epítome.

Apiano: Historia Romana, V.

Cornelio Nepote: Sobre los hombres ilustres.

Tito Livio: La Historia de Roma.

Dion Casio: Historia romana.

Orosio: Historiae Adversum Paganus.

Frontino: Estratagemas.

Justino: Epítome.



Fuentes modernas:

Nic Fields; Carthaginian Warrior.

Dexter Hoyos; Hannibal’s Dinasty.

Dexter Hoyos; Truceles war, Carthage fight for survival 241-237 BC.

Fernando Quesada Sanz; En torno a las instituciones militares cartaginesas.

Manuel Bendala y Juan Blánquez; Arquitectura militar púnico-helenística en Hispania.

Genaro Chic García; La actuación político-militar cartaginesa en la Península Ibércia entre los años 237 y 218.

José María Blázquez; Los Bárquidas en España.

Pedro Barceló; Relaciones entre los Bárquidas y Roma antes del inicio de la Segunda Guerra Púnica.

José María Blázquez y María Paz García-Gelabert; Los cartagineses en Oretania.

Eduardo Ferrer Albelda; Bastetanos y Bástulo-Púnicos: sobre la complejidad étnica del Sureste de Iberia.

H. H. Scullard; The carthaginians in Spain.

Adolfo J. Dominguez Monedero; Libios, libiofenicios, blastofenicios: elementos púnicos y africanos en la Iberia Bárquida y sus supervivencias.









[1] No parece lógico que se incluya en el tratado a la ciudad de Tiro (Fenicia). Esto debe ser algún error del copista de Polibio. Dado el nivel de importancia y protagonismo y la cercanía con Cartago y Útica, la otra ciudad incluida en el tratado, me parece más probable que se refiriera a la ciudad de Hippo Akra, pero sin tener más pruebas que argumenten esta teoría.

[2] Villaricos, en la provincia de Almería.

[3] Gadeira para los griegos y Gades para los romanos. La actual Cádiz.

[4] En Orosio (), embajada a Roma con los diez cartagineses más prominentes (pero curiosamente no asisten ni Amílcar, Asdrubal o Hannón).

[5] Apiano, His. 4’c.

[6] Apiano Han. 2; Zonaras 8, 17’ h.

[7] Seguramente su fuente fuera Fabio Pictor, tan contrario a Cartago y a la familia Barqa en particular.

[8] El propio Apiano (His. 4’ c) lo coloca al frente del ejército, junto con Hannón el Grande, para luchar contra una revuelta númida nada más terminada la guerra de los mercenarios. Pero rechazamos esta historia ya que Polibio (2, 1’ 5) dice explícitamente que nada más terminada dicha guerra los cartagineses despacharon a Amílcar a Hispania.

[9] Nepote 22’3 y 23’ 3. Se deduce de Orosio (4, 19’ 4) cuando dice que (en 203 a.C.) Aníbal vuelve a Cartago  36 años después de abandonarla para ir a España con su padre. Zonaras 8, 21’ b. También en Polibio 2, 1’ 5. Aunque también existe la versión de que fue llevado a Hispnia por su cuñado Asdrúbal con 21 o 22 años (Livio 21, 3’ 2).

[10] Aunque el ejército de Sicilia se sublevara en su gran mayoría, Amílcar incorporó a algunos de ellos tras derrotarlos además de las deserciones que se sucederían a lo largo del conflicto.

[11] Diodoro 25, 10 ‘1.

[12] Diodoro 25, 10’ 2.

[13] Diodoro 25, 10’ 3.

[14] Esto se puede ver claramente luego durante la Segunda Guerra Púnica, cuando Aníbal es el que prepara todos los territorios para el conflicto, enviando tropas de un lugar a otro y dictando las operaciones a llevar a cabo. Evidentemente las demás facciones del Senado cartaginés tendrían sus propios intereses y lucharían por recuperar el poder perdido.

[15] Dion Casio fr. 48’ 1.

[16] Las relaciones Roma-Cartago parecieron haberse estabilizado. En contra de esto,  Zonaras (8, 18’ g y 8, 18’ j-k) Orosio (4, 12’ 2-3) y Dion Casio (fr. 46’ 1-2) narran que en  235 y 233 a.C. los romanos amenazaron con declarar la guerra nuevamente, argumentando que los púnicos eran los instigadores de los levantamientos sardos que tenían lugar por esas fechas. Sin embargo, estas historias parecen ser invenciones posteriores y están descartadas por los autores modernos.

[17] Actual Ampurias, en Cataluña.

[18] Diodoro 25, 10’ 14.

[19] Por ejemplo por historiadores tan importantes como Schulten.

[20] Muy poco en comparación con Qart-Hadasht, fundada poco después por Asdrúbal, que tendría 35 o 40 hectáreas, para una población de unos 30-40.000 habitantes.

[21] Livio 24, 41’ 1-7. “[…] Así, antes de que los romanos cruzasen el Ebro, Magón y Asdrúbal derrotan tropas muy numerosas de los hispanos, y la Hispania Ulterior habría abandonado a los romanos si Publio Cornelio no hubiera cruzado precipitadamente el Ebro con su ejército y acudido en el momento preciso cuando sus aliados estaba indecisos. Primeramente los romanos acamparon en Castro Albo, lugar famoso por la muerte de Amílcar el Grande. […] Allí llegó Cneo Escipión con todas sus tropas; y también Asdrúbal hijo de Giscón, tercer general cartaginés, con un ejército en toda regla, situándose todos al otro lado del río frente al campamento romano. Publio Escipión salió ocultamente a reconocer los alrededores con tropas ligeras, pero el enemigo lo descubrió, y lo habría aplastado en campo abierto si no hubiera ocupado una colina cercana. Rodeado también allí, lo liberó del cerco la llegada de su hermano. Cástulo, fuerte y célebre ciudad de Hispania, estrechamente unida a los cartagineses hasta el punto de que la esposa de Aníbal era de allí, se pasó a los romanos.” Castro Albo tiene exactamente la misma traducción que Akra Leuke, por tanto es lógico pensar que se trataba de la misma ciudad.

[22] Diodoro 25, 10’ 3; Polibio 2, 1’ 6; Livio 21, 2’ 1.

[23] En la actualidad, la temperatura media mensual no baja de 10ºC, y la temperatura mínima media de 6ºC.

[24] Según Diodoro 25, 12’ 1 regía sobre doce ciudades.

[25] Frontino Str. 2, 4’ 1-7; Zonaras 8, 19’ a-b.

[26] Evidentemente hay que rechazar la versión de Nepote (22, 2’ 5) que narra como Amílcar muere en batalla contra los vetones. Este pueblo se encontraba muy al Norte, estando su territorio en las actuales provincias de Ávila, Salamanca y norte de Cáceres.


[27] Según Diodoro 25, 12’ 1. Estas cifras parecen exageradas, sobre todo en el número de elefantes. Durante la Segunda Guerra Púnica, momento en el que los datos son mucho más fiables, el ejército de invasión de Aníbal contó con 37 elefantes al cruzar el Ródano (Polibio 3, 42’ 11), quedando con Asdrúbal Barca un total de 21 (Livio 21, 22’ 3).

Anábasis histórica 

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