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lunes, 7 de mayo de 2012

LAS SATURNALES ROMANAS

Las Saturnales (en latín Saturnalia) eran unas importantes festividades romanas. Se las llegó a denominar "fiestas de los esclavos" ya que en ellas, los esclavos recibían raciones extras, tiempo libre y otras prebendas; eran Navidad y Carnaval a un mismo tiempo y el cristianismo de la antigüedad tardía tuvo fuertes problemas para acabar con esta fiesta pagana, intentando sustituirla.

Las Saturnales se celebraban por dos motivos:


En honor a Saturno, dios de la agricultura.

Como homenaje al triunfo de un victorioso general (fiesta del triunfo).


Las primeras se celebraban del 17 al 23 de diciembre, a la luz de velas y antorchas, por el fin del período más oscuro del año y el nacimiento del nuevo período de luz, o nacimiento del Sol Invictus, 25 de diciembre, coincidiendo con la entrada del Sol en el signo de Capricornio (solsticio de invierno). Probablemente las Saturnales fueran las fiestas de la finalización de los trabajos del campo, celebrada tras la conclusión de la siembra de invierno, cuando el ritmo de las estaciones dejaba a toda la familia campesina, incluidos los esclavos domésticos, tiempo para descansar del esfuerzo cotidiano.

Eran siete días de bulliciosas diversiones, banquetes e intercambio de regalos. Las fiestas comenzaban con un sacrificio en el templo de Saturno (en principio el dios más importante para los romanos hasta Júpiter), al pie de la colina del Capitolio, la zona más sagrada de Roma, seguido de un banquete público al que estaba invitado todo el mundo. Los romanos asociaban a Saturno, dios agrícola protector de sembrados y garante de cosechas con el dios prehelénico Crono, que estuvo en activo durante la mítica edad de oro de la tierra, cuando los hombres vivían felices, sin separaciones sociales. Durante las Saturnales, los esclavos eran frecuentemente liberados de sus obligaciones y sus papeles, en algunos casos, cambiados con los de sus dueños.


Posteriormente, el nacimiento del Sol y su nuevo período de luz fueron sustituidos por la Iglesia, quien hizo coincidir en esas fechas el nacimiento de Jesús de Nazaret con el objetivo de acabar con las antiguas celebraciones. Gradualmente las costumbres paganas pasaron al Día de Año Nuevo, siendo asimiladas finalmente por la fiesta cristiana que hoy en día se conoce universalmente como el Día de Navidad.

Los grandes dioses del panteón romano gozaron de fechas especialmente dedicadas a su culto.
Entre los días 17 y 23 del mes de diciembre se festejaban las Saturnales. Las celebraciones se iniciaban con un sacrificio en honor al dios en el templo de Saturno, al pie de la colina del Capitolio, y proseguían con un banquete público que daba paso a la más absoluta permisividad y libertinaje.

La leyenda

La leyenda supone que Saturno, asimilado al Cronos griego, había sido expulsado del cielo por Júpiter, desde donde llegó a Italia; durante el reinado de esta divinidad de la agricultura, los itálicos habrían vivido una edad de oro, sin guerras ni malas cosechas, donde no se conocía la propiedad privada ni tampoco la esclavitud. Con esta celebración, también se homenajeaba a los generales romanos que habían triunfado en exitosas campañas militares.

Como hizo Julio César tras sus victorias sobre las Galias, Egipto, el Ponto y África.

En qué consistían las Saturnales:


Las Saturnales emulaban esa edad dorada y, durante su transcurso, se suspendían temporalmente las actividades comerciales, se cerraban las escuelas, el Senado o los tribunales de justicia, se permitían todo tipo de juegos de azar y apuestas y era habitual regalarse saquitos de nueces, velas o pequeños muñecos de arcilla. El pueblo las esperaba con absoluto deseo. Buena muestra de ello son las palabras del poeta latino Marcial:

“Mientras se alegra con sus vestidos de fiesta el caballero y el senador, señor de Roma; mientras a nuestro Júpiter sienta bien el birrete de liberto y el esclavo nacido en casa agitando el cubilete de los dados no teme la presencia del edil viendo tan de cerca el hielo de las fuentes, recibe las suertes alternas del rico y del pobre, que cada uno dé los regalos que le convenga a sus comensales; éstos son frivolidades, fruslerías y otras cosas si cabe, de mensos importancia. ¿Quién lo ignora o niega cosas tan claras’ ¿Pero qué haré con preferencia, Saturno, en los días de borrachera que en vez del cielo te consagró tu porpio hijo? ¿Quiénes que yo escriba sobre Tebas, sobre Troya o sobre la criminal Micenas?. Juego con nueces- me dirás. Yo no quiero perder las mías”. (Marcial. XIV, 1)

La fiesta tenía también su ironía: nadie estaba a salvo de convertirse en víctima de algún regalo bromista. En las Saturnales se jugaba al mundo al revés y se caricaturizaban leyes y cargos públicos. Hasta se aplazaba la ejecución de los condenados a muerte.

Sin embargo, la expresión popular que más sorprende de estas fiestas era el intercambio de papeles que existía entre los esclavos y sus amos. Era habitual que los señores de la casa sirvieran la mesa a sus súbditos que tenían, además, la licencia de emborracharse e, incluso, de injuriar a sus amos como si de siervos se tratase. Asimismo, todos los esclavos recibían de sus propietarios una generosa paga extra en forma de moneda o vino. Lo que antes estaba prohibido se permitía entonces.
Hasta el tacaño Catón el Viejo concedía a sus esclavos durante estas fechas una ración extra de 3,5 litros de vino. De hecho, el calendario de Polemio Silvio del año 48 de nuestra era la tilda como la fiesta de los esclavos por su faceta más destacada.

La fiesta de las Saturnales se celebraba solo el 17 de diciembre en el Foro de Roma hasta la llegada de la dictadura de Julio César, en el año 49 antes de Cristo. Durante esa jornada, los senadores y los caballeros romanos, aderezados con sus impolutas togas ceremoniales, ofrendaban a Saturno un gran sacrificio seguido de un ágape público que culminaba con gritos en honor al dios.

El general romano prolongó la festividad hasta el día 19. Su sucesor en el poder, Octavio Augusto, primer emperador der Roma, añadió un día más. Hizo lo propio Calígula unos años después. Domiciano cerró la ampliación del asueto festivo hasta el 23 de diciembre.

A finales del siglo I de nuestra era las Saturnales duraban una semana completa.

El Sol Invicto

Era también diciembre el mes en el que se producía el solsticio de invierno,es decir, la entrada del Sol en el signo de Capricornio.

En el año 274, el emperador Aureliano introdujo en Roma el culto del Sol Invicto procedente de Siria, cuya conmemoración se celebraba el 25 de diciembre.

Sobre el astro reconocieron casi todas las religiones imperantes en el Imperio a su suprema divinidad, sobre todo los crecientes adoradores de Mitra. El conglomerado de dioses, propios y adoptados que se idolatraban en Roma terminaría por reducirse solo al Sol.


Conclusión

Este tipo de monoteísmo devocional, cuyo culto había sido precedido por las fiestas en honor de Saturno, facilitó el camino al desarrollo del Cristianismo no solo para establecer la fecha de nacimiento de Jesucristo, sino también para celebrar unas fiestas prolongadas en las que, como los romanos de antaño, los cristianos actuales se desviven en compartir la alegría, aumentar su patrimonio y cumplir con los regalos al mismo tiempo que se entregan sin recato alguno a fastuosas mesas.


El derroche de felicidad y permisividad característico de las Saturnales, que se acompañaban de numerosos banquetes y entrega de regalos es, quizás, el origen de las actuales celebraciones de fin de año.

Colaboración de Javier Ramos




Bibliografía:
-Vida cotidiana en la Roma de los césares; Amparo Arroyo de la Fuente.
-La vida cotidiana en Roma en el apogeo del Imperio; Jérôme Carcopino.
-Los romanos. Su vida y costumbres; E. Ghul & W. Koner.

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